24 may. 2009

PLEITISTA POR NATURALEZA


En muchas oportunidades he pensado que pasaría si me encontrara en una situación donde mi integridad física estuviera en peligro, es decir, si estuviera inmerso directamente en una pelea. Varias veces he tenido ideas disparatadas, como por ejemplo ser un Street Fighter (peleador callejero) y patear traseros a diestra y siniestra, pero acéptemelos soy un verdadero perdedor en cuanto a esto se trata, moriría del miedo si tuviera que pelear con algún hombre, es más también tendría pánico si se tratara de una mujer.

Pero esta condición de avestruz, de esconder la cabeza cuando se siente peligro, no siempre ha sido así, en algún momento de mi vida era una de los muchachos más respetados de mi entorno por tener la fama de peleador y busca bullas, pero lo que nunca supieron todos los que me rodeaban es cuál fue la verdad de los hechos para ganar esta popularidad.

Era el año de 1997, año en el que estaba cursando el segundo de secundaria en el colegio “Cristo Rey”, institución dominada en su entereza por la Hermandad Marista; en esa época conocí al “Gringo”, compañero de clases y un verdadero vago en cuestión de riñas, era él el que me incentivaba a tratar de buscar alguna pelea. “Tienes que ganarte el respeto de los demás”, me decía; yo era reacio a encontrar un contendiente solo por ganarme un supuesto respeto.

Hasta el día en que se armó la grande con “El Cholo”, muchacho extremadamente alto y robusto que gozaba de cierto respeto en el colegio por propinar tundas a compañeros escuálidos y pequeños, como la que gozaba mi persona en ese entonces.

“Cholo dice el chatito de allá que no le puedes rendir ni un raund, que mientras más alto eres más fuerte lloras”

“Listo chato dice que a la hora de recreo se encuentran en el salón para que te patee mismo pelota”

Le reclamé y le dije que no quería pelear, especialmente con ese animal, que seguramente me mataría a golpes y que si quería buscarme una pelea mejor hubiera sido con “El Bolsa”, muchacho que creíamos que sufría de síndrome de Down; a pesar de todos mis reclamos la contienda ya estaba propuesta.

En el salón de clases pensaba en la forma de pedir disculpas a mi opositor sin perder la poca hombría que me quedaba hasta entonces. Miraba el reloj minuto a minuto, escuchaba el tic tac tic tac, llegue a imaginar que escuchaba “Muerto estas Muerto estas”, imaginé también tener un reloj que parara el tiempo para que la maléfica hora del recreo no llegara nunca y poder escapar de la tremenda golpiza que seguramente me iban a dar.

Comencé a rogar a Dios que sucediera cualquier cosa que me librara de tremendo problema, esperaba que mi mamá llamara al colegio para que me den permiso de salida aduciendo que el abuelito del papá del tío de mi vecino había muerto por lo cual tenía que ir apoyar moralmente en tan fatídico suceso (¡si, como no!) , rogué que haya un terremoto en la escala de Richter nivel 10, (La que está estimada para el choque de un meteorito rocoso de 2 km de diámetro que impacte a 25 km/s) y así poder escabullirme entre los heridos para que más tarde yo no sea el fracturado; o por último esperaba que al “Cholo” le diera una diarrea tan fuerte la cual lo tendrían que mandar a su casa y por consecuencia de esto perdiera la memoria, así todo el problema quedaría en el olvido.

¡Ringgggggggg!

Está de más decir que nada de esto último sucedió.
El profesor sale del salón, algunos compañeros también lo hacen y muchos “Misteriosamente” se quedan, “El Negro” (es evidente el porqué del sobrenombre) se autoproclama campana, espera que el profesor esté a una distancia adecuada y grita:

“¡YA SE FUEE!”

Todos los espectadores mueven las carpetas y hacen un cuadrilátero imaginario y comienzan a exclamar:

“PELEA, PELEA...”

En ese momento había mucha gente para arrodillarme a rogar por mi vida, por lo cual sin más remedio, con el cuerpo temblando, me dispuse a sacrificar mi vida por las causas comunes de los indefensos y oprimidos, de la masa minoritaria que éramos: “Los Chatos”.

En el medio del campo de batalla, lo primero que se me ocurrió fue bailarlo y asustarlo con mi técnica de Bruce Lee (si, esa la de los gritos desesperados y movimientos extraños), pero al parecer esto no estaba funcionando por que el forajido comenzó a perseguirme mientras yo retrocedía y retrocedía. Pasaron los minutos (solo tenía que aguantar 15 minutos que duraba el recreo), todo iba bien sin ningún golpe hasta que llegó a amarrarme del cuello y comenzó a golpearme directamente en la cabeza, golpe tras golpe…

Solo esperaba que sucediera un milagro o que terminara el recreo, lo que ocurriera primero.

Casi agonizando en mi intento desesperado de liberarme, suena en mi mente la canción “Eye of the Tiger” esa la de Rocky…
Ahí les dejo un videito para que vean lo que senti en ese momento:


Por reacción de autodefensa, levante un puño y le di un par de golpes directo al rostro; fue un momento glorioso para todos los vapuleados del colegio, era un sentir compartido, casi escuche las gritos y aplausos del público a mi favor al presenciar la escena.

La batalla terminó en mi caso con un dolor de cabeza terrible y él con un labio sangrando.

Muchos dijeron que había tenido mucha suerte, otros comentaron que era yo quien había salido vencedor de la pelea y otros más contaron por varios años la historia del David y Goliat moderna.

20 may. 2009

LOS HOMBRES TAMBIÉN SON CELOSOS Y LLORONES

En muchas oportunidades he sentido celos de mi pareja, por diferentes razones y le he reclamado con algunas expresiones como estas: “¿Por que te has puesto ese polo tan chiquito?, ¡Se te ve el alma!”, “No me digas, ¡tu amigo del trabajo!”, “y tú ¿Como sabes que tiene enamorada?”.

Es cierto que todos sentimos esa necesidad de exclusividad y de ser insuperables, pero cada vez que aparece un tercero en una relación, provoca la sensación de pérdida de esa exclusividad, por lo cual aparecen: “Los celos”.

Podemos decir que los celos en cierta medida, son necesarios y pueden causar cierto halago hacia la persona amada; pero, ¿Que pasa cuando los celos son incontrolables y enfermizos?

Era aproximadamente las 10 de la noche, estaba buscando en la televisión la serie animada “Padre de Familia”, la cual había leído que estrenaban la novena temporada, por lo que me dio curiosidad verla. Mi amiga Lucy me llama al celular:

“Anthony, hazme un favor puedes venir a verme. Tengo un problema. Estoy en plaza San Miguel. Es urgente”

Me causo mucha inquietud, solo le pregunté si estaba bien. Ella me responde “solo ven rápido“. Lo único que atine en decirle fue “no te muevas, en unos minutos estoy allí”. Preocupado salgo inmediatamente a tomar taxi, la primera idea que se me viene a la mente es “¿Que le abra hecho el imbecil de su enamorado?”

Llego a Plaza y la encuentro sentada, con evidencias de llanto en su rostro. En el momento que me ve, corre hacia mí, me rodea con sus brazos y se echa a llorar.

“No sé si te he contado, pero ya no estoy con Jean. Le he dicho que ya no lo amo, pero no le importa y me esta acosando constantemente, ya no se que hacer. Hace rato fue a mi trabajo, llego con un ramo de flores y me negué a recibirlas. Se molesto mucho y quiso que subiera a un taxi con él a la fuerza. Por suerte el vigilante de la empresa se dio cuenta y le dijo que se retirara. Estoy muy asustada amigo”.

Le digo que vayamos a su casa, que la iba a acompañar hasta que le pase el pánico. Tomamos un taxi y al llegar a su puerta ella me dice: “No mires ahora, pero Jean esta sentado en el parque de frente”, siento una sensación de escalofrío que recorre todo mi cuerpo.

Jean se da cuenta de nuestra presencia y comienza a acercarse. Mi sorpresa es grande al notar que en las manos tenia dos botellas Twist off (Botella de cerveza de 355 ml), las cuales pensé que podía usar como arma en contra mia; en su rostro se notaba claramente la ira que emanaba su ser y lo peor de todo, es que al parecer esa furia era por mi persona. Estaba seguro que él quería reventarme por estar con su enamorada en ese momento. A cada paso que daba, me imagino los diferentes avatares que podría realizar para enfrentarme a este manganzón:

a. Me acuerdo las clases de Karate que recibí a los ocho años. Pensé meterle mi famoso puñete de Karateka, que por cierto, nunca me funciono cuando entrenaba. Ahora que pienso fríamente, mi Sensei me decía que mi especialidad era el Kata, que es una especie de movimientos unipersonales de karate, como si estuvieras bailando, nada varonil para mi gusto; además, me decia que no se me vaya a ocurrir enfrentarme a nadie, por que las veces que lo intenté hasta las niñas de cinturón blanco de mi clase me vencían.

b. Recordé que uno de mis programas favoritos en la televisión en una época fue la lucha libre, me imaginé meterle una lanza (golpe del hombro contra el estomago) y terminarlo con una llave rompe cuellos, tal y como lo hacia el Undertaker (Uno de mis luchadores favoritos).


c. Otra alternativa que imaginé, fue que en el momento que me lanzara la botella, me arquearía mismo Matrix para esquivar el botellazo, saltar y en el aire propinarle una patada directo en el pecho.



d. Pensé también, que cuando se me acercara, le podría meter un cabezazo, mismo Zidane, para ponerlo alerta de que no iba ser fácil derrotarme. Abandone esta idea, al darme cuenta de la gran diferencia de tamaños que existía, solo que haya querido matarlo de cabezazos en los testículos.


El momento de la verdad llegó, se acercó a nosotros y en lugar de que sucediera lo que me había imaginado, el comenzó a rogarle a Lucy, de que no lo dejara, que estaba profundamente enamorado de ella y que lo perdonara por lo idiota que se había portado, sus lagrimas comenzaron a brotar y lloró como un niño. Fue una escena patética.

Semanas después Lucy me contó que no volvió con Jean, que todo lo que ella sentía por él, se había terminado.

Finalmente, como creo que ya no tengo novia, voy a invitar a salir a Lucy, sin preocuparme de novios celosos, ni llorones.

15 may. 2009

MALDITO SUEÑO, MALDITO TRÁFICO


Cuantas veces has pensado en lo estresante que es el Mar de automóviles los lunes por la mañana. Que si te levantaste cinco minutos más de la cuenta, tienes que sacrificar alguna de tus actividades matutinas para no llegar tarde al trabajo: O dejas de bañarte, de rasurarte o tal vez de lavarte los dientes; y ganar los minutos preciados que te costo tu calido sueño.

Durmiendo plácidamente en mi habitación, gozaba de un sueño inolvidable con uno de mis amores platónicos, lleno de besos, deseos y caricias, hasta que de pronto:

6:30 AM, ¡Ring!... ¡Ring!... (El despertador sugiriendo que despertara, para ir a mis labores diarias), abro un ojo, veo el despertador y lo apago haciendo caso omiso a la advertencia. Profundamente dormido…

6:45 AM, ¡Ring!... ¡Ring!... Despreocupado me despierto y pienso: “Como me gustaría que sea sábado, 6:45 aún es temprano, hoy día no me baño, nadie se a muerto de cochino, que yo sepa”. Cierro mis ojos y vuelvo a dormir…

7:00 AM, ¡Ring!... ¡Ring!... Mi cuerpo recibe una carga de preocupación y conciencia, me levanto de un salto, cojo cepillo, rasuradora eléctrica, jaboncillo y toalla.

7:10 AM, ¡Maldición!, olvide planchar la camisa la noche anterior. ¿Donde está la plancha?

7:15 AM, Aún con arrugas, me pongo la camisa y me digo a mi mismo: “Hoy día no me quito el saco en la oficina”, mentalmente me predispongo para tener frío.

7:20 AM, “Maestro a San Isidro a la altura del Metro, [...] Me ha visto con cara de millonario, nueve soles y nos vamos en una, […] Listo diez, pero vuele”

7:30 AM, Mi odio por la Av. Javier Prado se va intensificando a cada minuto.

7:40 AM, Bastante lejos y con mucha desesperación.

7:45 AM, Resignado por mi tardanza, se atraviesa un policía de transito. ¿Mencioné mi odio a los policías de transito de los lunes por la mañana?

7:50 AM, El taxi sigue parado, el “AMABLE” policía aún no da el paso al carril donde estoy.

7:55 AM, A lo lejos veo el edificio donde trabajo, la muerte súbita es eminente.

7:58 AM, “Déjeme aquí, voy a ir caminando (Corriendo)”

8:00 AM, Me trato de relajar, pienso en las tardanzas anteriores, ¡mejor no! Si pienso en eso me estreso mucho más.

8:05 AM, Marco asistencia con resignación. Llego derrotado a la oficina, me siento en mi escritorio y me pongo a pensar que nadie se ha dado cuenta de mi tardanza.

8:10 AM, Abro mi correo y encuentro el siguiente mail:

“Estimado Anthony:

A la fecha has llegado dos días tarde (el 04 a las 8:02 am y el 10 a las 8:05 am), estas obligado a cumplir con la normatividad interna de la empresa y con tu horario laboral, en tu caso te recuerdo que es de 8:00 am a 17:36 pm, el mismo que está estipulado en tu contrato.

En tal sentido, a fin de que tu hoja de vida salga sin ninguna observación, te agradecería tomes las precauciones del caso a fin de no volver llegar tarde”.


Como me hubiera gustado haberme bañado. Hace calor, tengo que sacarme el saco. ¡Maldición mi camisa!

13 may. 2009

SIETE AÑOS DESPUES



Han pasado siete años desde que le propuse a Fine (que nombre para más extraño, ¿no es cierto?) que sea mi novia.

Recuerdo esa mañana en el caminábamos por las pasillos de la universidad, nervioso le agarré las manos y como dos niños sin saber que era lo que sucedía, nos dimos nuestro primer beso. ¡Momento! Aún no le he pedido que sea mi novia, por lo que ella me dijo:

“Nunca he besado a alguien sin que sea mi enamorado”.

En ese momento piensas: “Me esta pidiendo que le proponga que sea mi enamorada”, hay que tener en cuenta mi poca habilidad con las mujeres para ese entonces - únicamente había tenido una relación; donde mi declaración fue una escena tan vergonzosa, donde prácticamente me tuvieron que sacar por cucharadas para decirle que me gustaba – y lo único que atine a decir fue:

“Me gustas mucho, quiero que seamos enamorados”.

Que respuesta tan estúpida, de mis labios no salieron más palabras que me hubiera gustado decir: “Recuerdas todas las veces que me sentías raro, que creías que no te ponía atención, que te ignoraba y que me sentaba lejos de ti por que pensabas que me caías mal (aunque un par de veces te odie al verte de la mano de Donald), pues todo ese comportamiento que mostraba fue por la simple razón que me gustas; tu inocencia me ha cautivado; ¿Quieres ser mi enamorada?”.

Esas eran las palabras correctas para ser el hombre más galante del mundo, pero como taradazo dije: “Quiero…”, tal cavernícola, lo único que me falto es sacar mi cachiporra, meterle un trancazo y arrastrarla de los cabellos hasta mi caverna.

Ella respondió con la cabeza, mostrándome su conformidad al mandato.

Luego, caminamos de regreso a nuestras casas profundamente callados, sin intercambiar palabra alguna, pensando mutuamente si lo que estábamos haciendo era lo correcto; en vista que ninguno de los dos puso su palabra de oposición dimos por sentada que nuestra relación comenzaba ese día: Cinco de Enero de dos mil dos (05/01/2002).


Ayer, mi amiga J me llama plan de once de la noche a mi celular, me sorprende la llamada por que no es alguien con quien suelo compartir llamadas, es más nunca nos llamamos.

“Hola Tony soy J, te llamo para contarte algunas cosas que te pueden interesar”.

Bajo el volumen de la música y me siento al borde de la cama para escuchar lo que me tenia que decir y para no perderme ninguna palabra. Mientras tanto, en los pocos segundos antes que le diga “Dime”, me pongo a pensar que era lo que tenía para contarme, una llamada a esas horas y de alguien que no frecuentas, únicamente es para traerte intrigas o malas noticias.

Me provoca contestarle “Que mierda quieres, déjenme en paz, por que no te preocupas en conseguirte una vida. ¡Cosas que me pueden interesar! Joder, últimamente no me interesa nada ni nadie, por que me interesaría lo que quieres contarme. Por que no te buscas un papanatas y que te dé”.

“Recuerdas que yo era mesera en la discoteca “Dioses”, bueno, resulta que últimamente he visto a tu enamorada con un tipo alto – Gracias por recordarme que soy chaparro, campeón de los enanos del circo – y rubio – puta mare por que tiene que ser rubio, decidido, desde este momento odio todo lo que sea rubio – bailando muy acaramelados y algunas veces de la mano – se dibuja en mi mente todas esas escenas que venía relatando, apresurado que termine la conversación para llamar a la agraviada (aunque el agraviado en esta situación soy únicamente yo) y preguntar por la veracidad de lo hechos – y en algún momento los vi darse un beso – Finalmente, tengo la sensación que Rodolfo el reno es un chancay de veinte a mi lado – espero que no lo tomes a mal, te cuento esto para que no te vean la cara, besitos cuídate”.

El veneno ya estaba en mi sangre y recorría cada artería de mí ser, recordaba diferentes hechos en cual podría relacionar con todo lo que me habían contado: La vez que me dijo que a veces siente que nos cerramos las puertas para conocer nueva gente, las veces que la llame y que nunca me contesto; los momentos que estando conmigo, disimuladamente leía sus mensajes de texto.

Esperé un momento para tranquilizarme, para poder llamar con serenidad y preguntarle sobre lo que me acaban de contar, minutos después marque el numero y comenzó a timbrar…

Que momento más inoportuno para no contestar, me imaginaba a ella con otro hombre, sin rostro; deleitándose de estar juntos, riéndose, enamorándose. ¡Dios mío! Que mal he hecho para que todo esto me sucediera – pensé. Tal vez, es por las veces que maltrate a mi perro peluchín cuando jugaba a que yo era el Capitán del futuro y peluchín el monstruo del espacio, o tal vez, por que mi única y última confesión en la iglesia fue antes de mi primera comunión. Me vino la idea descabellada que si todo esto, no era cierto, haría mis donaciones a la iglesia todos los domingos sacramentalmente.

Volví a intentar a llamar, sin tener respuesta. Lo único que atine a hacer fue enviar un mensaje de texto, que decía:

“Necesito hablar contigo, cuando puedas avísame para poder llamarte, buenas noches”

Fui a dormir con muchas dudas…

Me despierto, el celular está sonando - era ella - le narré todo lo que me habían contado, se enojo conmigo por dejarme llevar por comentarios mal intencionados.

Siete años y parece que todo está colgando de un hilo. Siete años y estamos a un paso de terminar, ya hemos tenido muchos problemas anteriores, esta vez podría ser decisivo.



7 may. 2009

EL SEXO Y LOS HOMBRES


Los hombres creen que nosotras tenemos reparos con respecto al sexo.

Si y no lo contradigo que si somos algo pudorosas al hablar de ello con ellos.

Pero entre nosotras nos damos todos los secretos, pero hay un punto que nosotras tomamos el sexo con amor, placer y diversión (los tres ingredientes juntos son perfectos, la receta justa).

Pero no podemos tomar el tema como ellos lo hacen, como “un coito” simplemente.

Hablar con ellos al respecto es complicado, porque los hombres son los complicados, ya que si no hablas “eres una anticuada "y “acomplejada”. Pero si hablaras de tus parejas o de tus preferencias, con seguridad dirían “esta chica es una pendeja”, “jamás me metería con ella por…” (Cosas q no prefiero repetir) y lo se porque los he escuchado. Espero que no me lo hayan dicho, pero si lo han hecho pena por el de la mente chiquita.

Se que nosotras nos hemos liberado y ahora somos mucho más independientes y tenemos derecho de expresarnos libremente (en todos los aspectos), yo prefiero hablar y reírme a carcajadas con mis amigas y decirles todos los enredos sentimentales de cama o no. Pero ellas no me juzgan ni se espantan (no todas claro esta, existen algunas anormales).

Pero que mejor que eso… seguridad y confianza.

Que los chicos piensan que nos cuesta hablar. Mentira… debemos decirles: me cuesta hablar contigo.

Pero ¿Quien es realmente el de mente abierta?
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Gracias Shi