13 may. 2009

SIETE AÑOS DESPUES



Han pasado siete años desde que le propuse a Fine (que nombre para más extraño, ¿no es cierto?) que sea mi novia.

Recuerdo esa mañana en el caminábamos por las pasillos de la universidad, nervioso le agarré las manos y como dos niños sin saber que era lo que sucedía, nos dimos nuestro primer beso. ¡Momento! Aún no le he pedido que sea mi novia, por lo que ella me dijo:

“Nunca he besado a alguien sin que sea mi enamorado”.

En ese momento piensas: “Me esta pidiendo que le proponga que sea mi enamorada”, hay que tener en cuenta mi poca habilidad con las mujeres para ese entonces - únicamente había tenido una relación; donde mi declaración fue una escena tan vergonzosa, donde prácticamente me tuvieron que sacar por cucharadas para decirle que me gustaba – y lo único que atine a decir fue:

“Me gustas mucho, quiero que seamos enamorados”.

Que respuesta tan estúpida, de mis labios no salieron más palabras que me hubiera gustado decir: “Recuerdas todas las veces que me sentías raro, que creías que no te ponía atención, que te ignoraba y que me sentaba lejos de ti por que pensabas que me caías mal (aunque un par de veces te odie al verte de la mano de Donald), pues todo ese comportamiento que mostraba fue por la simple razón que me gustas; tu inocencia me ha cautivado; ¿Quieres ser mi enamorada?”.

Esas eran las palabras correctas para ser el hombre más galante del mundo, pero como taradazo dije: “Quiero…”, tal cavernícola, lo único que me falto es sacar mi cachiporra, meterle un trancazo y arrastrarla de los cabellos hasta mi caverna.

Ella respondió con la cabeza, mostrándome su conformidad al mandato.

Luego, caminamos de regreso a nuestras casas profundamente callados, sin intercambiar palabra alguna, pensando mutuamente si lo que estábamos haciendo era lo correcto; en vista que ninguno de los dos puso su palabra de oposición dimos por sentada que nuestra relación comenzaba ese día: Cinco de Enero de dos mil dos (05/01/2002).


Ayer, mi amiga J me llama plan de once de la noche a mi celular, me sorprende la llamada por que no es alguien con quien suelo compartir llamadas, es más nunca nos llamamos.

“Hola Tony soy J, te llamo para contarte algunas cosas que te pueden interesar”.

Bajo el volumen de la música y me siento al borde de la cama para escuchar lo que me tenia que decir y para no perderme ninguna palabra. Mientras tanto, en los pocos segundos antes que le diga “Dime”, me pongo a pensar que era lo que tenía para contarme, una llamada a esas horas y de alguien que no frecuentas, únicamente es para traerte intrigas o malas noticias.

Me provoca contestarle “Que mierda quieres, déjenme en paz, por que no te preocupas en conseguirte una vida. ¡Cosas que me pueden interesar! Joder, últimamente no me interesa nada ni nadie, por que me interesaría lo que quieres contarme. Por que no te buscas un papanatas y que te dé”.

“Recuerdas que yo era mesera en la discoteca “Dioses”, bueno, resulta que últimamente he visto a tu enamorada con un tipo alto – Gracias por recordarme que soy chaparro, campeón de los enanos del circo – y rubio – puta mare por que tiene que ser rubio, decidido, desde este momento odio todo lo que sea rubio – bailando muy acaramelados y algunas veces de la mano – se dibuja en mi mente todas esas escenas que venía relatando, apresurado que termine la conversación para llamar a la agraviada (aunque el agraviado en esta situación soy únicamente yo) y preguntar por la veracidad de lo hechos – y en algún momento los vi darse un beso – Finalmente, tengo la sensación que Rodolfo el reno es un chancay de veinte a mi lado – espero que no lo tomes a mal, te cuento esto para que no te vean la cara, besitos cuídate”.

El veneno ya estaba en mi sangre y recorría cada artería de mí ser, recordaba diferentes hechos en cual podría relacionar con todo lo que me habían contado: La vez que me dijo que a veces siente que nos cerramos las puertas para conocer nueva gente, las veces que la llame y que nunca me contesto; los momentos que estando conmigo, disimuladamente leía sus mensajes de texto.

Esperé un momento para tranquilizarme, para poder llamar con serenidad y preguntarle sobre lo que me acaban de contar, minutos después marque el numero y comenzó a timbrar…

Que momento más inoportuno para no contestar, me imaginaba a ella con otro hombre, sin rostro; deleitándose de estar juntos, riéndose, enamorándose. ¡Dios mío! Que mal he hecho para que todo esto me sucediera – pensé. Tal vez, es por las veces que maltrate a mi perro peluchín cuando jugaba a que yo era el Capitán del futuro y peluchín el monstruo del espacio, o tal vez, por que mi única y última confesión en la iglesia fue antes de mi primera comunión. Me vino la idea descabellada que si todo esto, no era cierto, haría mis donaciones a la iglesia todos los domingos sacramentalmente.

Volví a intentar a llamar, sin tener respuesta. Lo único que atine a hacer fue enviar un mensaje de texto, que decía:

“Necesito hablar contigo, cuando puedas avísame para poder llamarte, buenas noches”

Fui a dormir con muchas dudas…

Me despierto, el celular está sonando - era ella - le narré todo lo que me habían contado, se enojo conmigo por dejarme llevar por comentarios mal intencionados.

Siete años y parece que todo está colgando de un hilo. Siete años y estamos a un paso de terminar, ya hemos tenido muchos problemas anteriores, esta vez podría ser decisivo.



2 comentarios:

  1. El tiempo puede curar todo o cambiar todo depende de uno

    gracias por la visita

    bsos de Recién casada

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  2. Tiempo al tiempo únicamente.

    Gracias por tu comentario.

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