25 jul. 2014

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA

Caminábamos por el jirón Quilca, jirón del centro histórico de Lima, refugio de resistencia de la cultura capitalina, corredor de libreros que venden historias, romances y amor o lo que cualquier curioso lector desee repasar por sus ojos.

- Creo que deberías leer este libro te va a gustar - me dice ella, sin mirarme directamente. Con desprecio y decepción después de nuestra última pelea.

- Por favor deja de estar enojada - intentando aplacar su odio evidente en sus enfurecidos ojos.

Intenté cogerle la mano, pero inmediatamente con un ademán de huida, camino por el pasillo y siguió su andanza en busca de alguna lectura que le interesara. Mientras yo me quedé comprando el libro recomendado.

(...)

"Travesuras de la niña mala" es uno de esos libros que te mantienen pegado en la lectura todo el tiempo. Te identificas con Ricardo Somocurcio desde inicio a fin y en cuanto a la protagonista de la historia "la niña mala" te enamora su personalidad inestable y cambiante, propiamente una peruanita mil caras.

La trama consta de una relación tormentosa y enfermiza por muchas décadas, donde Ricardito a pesar de todo el dolor, mentiras, abandonos y las muchas veces que la niña mala le rompe el corazón este sigue queriéndola cada vez un poco más, a pesar que no esperaba nada de ella, debido a que él tenía esa sensación de que ella lo iba a abandonar en cualquier momento.

En el transcurso de la lectura de este libro me he puesto a reflexionar y me he preguntado: ¿Todos tenemos nuestra niña mala? a la que amamos y a pesar de todas la veces que intentamos odiarla terminamos nuevamente queriéndola.

Es raro como funciona la vida y mucho más difícil es intentar describirla. La vida es irónica, generosa, sarcástica, amable, malvada, justa, ordinaria, sorprendente, desoladora, animada, implacable, comprensiva y muchísimo más.

Cuando tu crees que nada te puede sorprender la vida te demuestra que siempre hay algo nuevo por aprender y afrontar, eso hace a la vida una ironía de padre, hijo y espíritu santo.

A la niña mala la conocí hace muchos años. A mis cortos trece o catorce años, pertenecíamos a un grupo de pastoral juvenil de un colegio marista cajamarquino. Los recuerdos que tengo de ella de esa época de antaño son su cuerpo menudo, piel morena, cabello trenzado y ojos risueños, vestida con un overol de jean que se amoldaba con su cuerpo y una gorra de marca "Pirata Surf", esa figura estilizada de un cráneo con un parche con dos sables cruzados, le daban un aire de una tierna niña mala.

No sé en que momento me enamoré de ella, pero en ese entonces, yo un adolescente sumamente introvertido miraba desde afuera los amoríos que a su corta edad comenzó a tener con los diferentes jovenzuelos que se le presentaban anunciándole su enamoramiento y amor eterno.

En ese entonces, la niña mala llegó a enamorarse de unos de mis amigos y estuvieron bien por un buen tiempo, hasta que entiendo que ella se aburrio y su historia terminó, él con el corazón roto y ella dejándolo por un muchacho universitario mucho mayor.

De la niña mala nos hicimos amigos muchos años después, en la despedida de un amigo en común que viajaba al extranjero por trabajo, rondábamos aproximadamente los veinte años. Ese día, sin saber como ni por que, recordé nuevamente esas épocas cajamarquinas que vivía pensando en ella en todo momento.

- Sabes que me has caído muy bien. Estoy pensando en nombrarte uno de mis mejores amigos - me dice riéndose por la gracia que había pronunciado, mirándome con esos ojos tiernos y cautivadores que en cada momento que pasaba me atraían mucho más.

- Ni modo, creo que nos parecemos de cierta manera, así que creo que acepto tremenda propuesta - respondo con aire idiotizado al escuchar su dulce voz.

- ¿Nos parecemos? y tu que te has creído igualado, si tu eres un petizo inmaduro - riendo a carcajadas.

De alguna manera esa noche tome el valor y le declaré mi amor; obteniendo como respuesta un rotundo "no", argumentando que ella vivía una vida demasiado liberal y que en sus salidas nocturnas estaba segura que terminaría ebria besándose con algún tipo ocasional.

Como si sus palabras fueran dichas por una pitonisa esa misma noche ella termino besándose con un tipo que prácticamente conoció en ese momento.

Aunque por los siguiente años, ocho aproximadamente, vivíamos en diferente ciudades siempre de vez en cuando, por la simpatía mutua que nos teníamos, nos escribíamos algún mensaje dando señales de vida uno de parte del otro y viceversa.

Por cuestiones laborales hace algunos años vivimos en la misma ciudad y hace menos de tres meses, quedamos en salir con la niña mala y sin ningún tipo de explicación terminamos durmiendo juntos y dándonos carias mutuas.

Debo confesar, que estar con la niña mala todo este tiempo ha sido una de las experiencias más intensas que he vivido hasta el momento y creo he terminado más enamorado que nunca.

(...)

Horas despues de salir de Quilca, ella me confesó que estaba enamorada de un tipo que conoció en su trabajo que tenía más dinero, más educación, era más divertido, más buena persona y un sin fin de cualidades que mencionó como razón de su abandono. Idiotizado y con el corazón roto me quedó solo en desearle una buena vida en adelante.

Ahora solo me queda decir: "Hasta nunca niña mala".

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